2015-Mar-29

Bestelakoak

AUZO: ‘Barris, veïns i democracia.

llibre-196x300El historiador y periodista Marc Andreu publica ‘Barris, veïns i democracia. El moviment ciutadà i la reconstrucció de Barcelona (1968­1986)’ una obra que analiza el papel del movimiento vecinal de Barcelona desde la Transición a la actualidad. Clave durante el final del franquismo y la Transición, el movimiento vecinal de Barcelona mantiene el rol de “consciencia crítica de la ciudad”, en opinión de Marc Andreu.
Esto también lo refleja otra entrevista que dice que El movimiento vecinal debe molestar al poder
El historiador y periodista publica Barris, veïns i democracia. El moviment ciutadà i la reconstrucció de Barcelona (1968­1986) (L’Avenç). El libro pretende cubrir un vacío y retratar el papel de una realidad que no encaja ni con el relato oficial de la Transición, según el cual fue un pacto entre las élites, ni con el alternativo, que niega que se consiguiera nada en esa etapa. Codirector de Carrer, la revista de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB), el autor también habla para Público de los paralelismos con la situación actual en la ciudad, sobre todo a raíz de la aparición de Barcelona en Comú.

La movilización a favor de unas mejores condiciones de vida para la ciudadanía une al movimiento vecinal del final de la dictadura y la Transición con el actual. ¿Se trata de un movimiento clave en momentos de cambio?

Es evidente que en momentos de cambio histórico y de cambio social, en el que todo está abierto, los movimientos sociales y la movilización ciudadana tienen más capacidad de incidir y marcar la agenda. Ocurría sin duda en los años setenta y pasa también ahora. También había crisis en los setenta y el movimiento vecinal tuvo la capacidad de conectar con demandas concretas de la gente y pedir escuelas, ambulatorios…. Ahora, la movilización contra los recortes también tiene una parte de demandas concretas que la gente exige.

Hace 40 años el objetivo era reconstruir una ciudad devastada tras la dictadura. Ahora parece que más bien se trata de replantearla después de los recortes y el fin de un modelo.

La ciudad actual no tiene nada que ver con la de los años setenta. Ha cambiado mucho y sería absurdo negar que ha mejorado, especialmente en los barrios populares. Pero en todo caso, las demandas actuales de no retroceder enlazan con las de los setenta. En mi caso, por ejemplo, soy nacido en 1973 y en mis primeros meses de vida participaba desde el cochecito en una de las primeras reivindicaciones de la asociación de vecinos de mi barrio, el Poblenou , para pedir un instituto. Después, fui a este instituto, el Icaria de Poblenou, y ahora, que tengo dos hijos, estoy metido en plataformas vecinales para reivindicar dos institutos más. No se trata sólo de conservar lo que teníamos, sino que en determinados aspectos las necesidades sociales siguen existiendo. Estamos en la misma lucha que ayer, sólo que en contextos históricos distintos.
“Barcelona era muy singular y sostengo que todavía lo es. Iba un paso por delante del resto del Estado, porque existía un movimiento organizado”
¿La movilización vecinal del tardofranquismo y la Transición era posible porque existía un consenso urbano desde abajo?

Era posible porque Barcelona era muy singular y sostengo que todavía lo es. Iba un paso por delante del resto del Estado, porque existía un movimiento organizado que tenía un triple origen: el mundo antifranquista militante, básicamente comunistas; el mundo de los cristianos de base; y el mundo de las redes sociales, ligadas a la inmigración llegada a los barrios populares y al mismo
tejido asociativo que había en estos barrios. Este caldo de cultivo es el que permite que en los años sesenta y setenta surja un movimiento social de la importancia del vecinal que es capaz de marcar la agenda y de reconstruir la ciudad.

Hay un consenso popular sobre que la Marca Barcelona y el modelo actual de ciudad ya no sirven. ¿Pero existe el mismo consenso a la hora de plantear un modelo alternativo?

En el modelo Barcelona bien entendido el movimiento vecinal juega un papel importante. Entendido como un modelo de ciudad democrática que pone los poderes privados al servicio del modelo público. Y esto tiene mucho que ver con la hegemonía ganada por el movimiento ciudadano en los años setenta. Pero el consenso se rompe. Para Manuel Vázquez Montalbán en 1986, cuando se nombra Barcelona sede olímpica y coincide con el referéndum de la OTAN, y cambia el paradigma de construir ciudad. También hay quien considera que el consenso se rompe en 2004, como [Josep] Ramoneda. En cualquier caso, el consenso se rompe. Y es sustituido por un nuevo consenso más falso y cooptado desde el poder político. Con excusas como la operación olímpica o el Fòrum se intenta crear un falso consenso de construcción de la ciudad, y se reconvierte el modelo Barcelona, donde lo público primaba sobre lo privado, en la Marca Barcelona, donde directamente manda el privado. En los movimientos sociales hay el consenso de que se debe repensar la ciudad, pero no de ahora, sino desde mucho antes también de 2004. ¿Cómo hacerlo? Aquí es donde hay las dificultades. La historia se construye sobre la marcha y a partir de la experiencia y los errores del pasado se ha de plantear el futuro.
En momentos de cambio histórico y de cambio social, los movimientos sociales y la movilización ciudadana tienen más capacidad de incidir y marcar la agenda
El movimiento vecinal ha cambiado, ha pasado de 70.000 afiliados a 30.000, y gran parte de la ciudadanía movilizada se organiza a través de movimientos sociales, como la PAH, las mareas, las asambleas de barrios. ¿Es un movimiento más plural?

El movimiento vecinal ha hecho de paraguas de muchos movimientos sociales. La misma FAVB que nace como una organización burguesa, rápidamente es cooptada y hegemonizada por el movimiento vecinal de izquierdas. La FAVB y las asociaciones de barrio eran un poco el centro del activismo social y dentro de estas organizaciones cobijaban a nuevas realidades de movimientos sociales. Movimientos pacifistas, el movimiento ecologista, las vocalías de mujeres del movimiento feministas, incluso las primeras movilizaciones del movimiento gay en Barcelona reciben el apoyo de la FAVB, que también convoca manifestaciones anti­OTAN a principios de los años 80. Los movimientos sociales ya hace muchos años que se han independizado de las incubadoras donde crecieron y en vez de actuar desde una estructura centralizada, como la asociación de barrio o la FAVB a nivel de ciudad, que lo cobija todo, ahora hay una red, donde el movimiento vecinal es un elemento más.

¿El rol de la FAVB también se modifica, pasando de marcar la agenda y la política, hasta el punto que el Ayuntamiento asumía sus demandas, a intentar a ejercer ‘sólo’ una presión crítica?

Pienso que en el fondo el papel es el mismo. La FAVB o el movimiento vecinal juega el papel de conciencia crítica de la ciudad, sea quien sea quien esté en el gobierno. El rol de la FAVB no ha
cambiado mucho, pero sí lo han hecho las circunstancias históricas. También es portadora de una cierta idealización de lo que debe ser la ciudad a partir de las necesidades de los ciudadanos. Sí que es verdad que cuando ha habido gobiernos llamados de izquierdas en Barcelona, se compartían unos códigos, porque en algunos casos miembros del gobierno venían de la militancia vecinal o de una cultura de izquierdas, lo que permitía que incluso desde la más radical oposición se pudieran entender. Desde que gobierna CiU, el problema es que no se comparten códigos. Se hablan lenguajes diferentes. La derecha no tiene en su ADN haber participar en los movimientos sociales, no los entiende y eso a veces dificulta más la relación.

¿A qué atribuyes el poso combativo que siempre ha tenido Barcelona?

Creo que hay una parte de singularidad catalana, vinculada a la tradición asociativa de este país que no existe en el resto del Estado. Esto es innegable. Es un hecho que cinco días después de
morir Franco, el gobernador civil de Barcelona, Rodolfo Martín Villa, se reunía con la FAVB, entre otras cosas para poner el termómetro a la oposición más organizada en Barcelona. Seis días
antes, el gobierno civil se negaba a legalizar a la Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid. Aquí íbamos delante. Y, por ejemplo, el 1 y el 8 de febrero de 1976 hubo manifestaciones masivas por la amnistía convocadas por el movimiento vecinal, y después cobijadas por la Assemblea de Catalunya, que suponen un cambio importantísimo en la Transición teóricamente diseñada. En Madrid esta manifestación, también convocada por el movimiento vecinal, no se produce hasta junio de 1976. Además, el rey reconoce en su primer viaje oficial a Washington, en una conversación con Gerald Ford y Kissinger, que la Transición va más o menos bien, a pesar de que hubo una temporada que no lo tenía claro, porque en febrero en Barcelona lo pasó mal. Evidencia que el papel de Barcelona era importante. Y es más, el rey dice que tiene claro que no le pasará lo mismo que a su abuelo, es decir, que primero convocará unas elecciones generales y dejará las municipales para más adelante. Tanto el rey como el ministro Martín Villa tenían claro que los principales problemas de la Transición les podían venir de los movimientos vecinales, y singularmente del de Barcelona.
“Si en la Transición se logró evitar que se vaciaran por completo las asociaciones para pasar a las instituciones, a ver si ahora pasará”
Barcelona en Comú está formada por muchas personas procedentes de los movimientos vecinales y del tejido vecinal. Existe el temor de que se repitan los errores de la Transición y que el paso a las instituciones vacíe a los movimientos.

Es un debate que está ahí y que se está haciendo aprovechando las lecciones del pasado. De todos modos, hay una singularidad que no podemos dejar escapar, y es que en Barcelona esta desmovilización de los movimientos sociales, y del movimiento vecinal en concreto, no se dio al 100% igual que en el resto de Catalunya o en el resto del Estado. Y es otra singularidad de la ciudad. Es evidente que hay una bajada del movimiento, pero no se vacía del todo, porque hay una serie de gente, empezando por Carlos Prieto, que fue presidente de la FAVB, al que ofrecieron ir de número tres del PSUC y dijo que no, que se quedaba. Deciden mantener abierta la persiana de la asociación de vecinos. Esto hace que se conserve un sustrato que permite que cuando en los años noventa reviven los movimientos sociales haya un mínimo común denominador. Existe el debate y existe la conciencia de que no puede pasar lo que no pasó. Si en la Transición se logró evitar que se vaciaran por completo las asociaciones para pasar a las instituciones, a ver si ahora pasará. Me consta que la FAVB ha hablado el tema y ha habido ofertas y se ha dicho que ya es suficiente el número de gente que dará el paso, empezando por Ada Colau, que es vocal de la organización.

¿Qué lección se ha extraído de la experiencia de hace 40 años?

En 1979 el error si acaso fue que los partidos no contaran con el movimiento vecinal. De hecho, no había muchos representantes en las listas. Ahora el error podría ser el inverso, con mucha participación de gente de los movimientos sociales sin adscripción partidista en la política institucional y que no se contara con los partidos, que también pueden tener experiencia en las instituciones y en cuestiones organizativas. Y, eso sí, con la conciencia de que no se pueden vaciar los movimientos sociales.

¿Si Barcelona en Comú llega el gobierno será más difícil mantener está tensión y movilización desde abajo?

Pienso que una de las grandes lecciones que se han aprendido en este país, es que desde las instituciones solas no puedes cambiar nada. Se precisa de la presión de la gente organizada fuera. En la transición se dio confianza ciega sólo a los partidos y eso se ha demostrado que no ha funcionado. Evidentemente deben participar en la política institucional, pero hay que mantener la presión en la calle. Entre otras cosas porque te estás enfrentando a unos poderes muy poderosos, valga la redundancia, que incluso a nivel de ciudad no tienes capacidad para afrontar desde el ayuntamiento, sino que también es necesaria la presión desde la calle.

Erantzunak itxita daude.